Risoterapia
Me iba, al final me quede. Era de noche, hacia calor y las luces iluminaban la plaza, a lo lejos el castillo. Lisboa en su máximo esplendor. Luces y más luces de coches que pasaban, al final uno se para, abre la puerta y aparecisteis. Sólo con veros me entro la risa, no sé bien si por la alegría o si porque la situación era surrealista, cuatro gigantes, bueno tres y un esmirriado, saliendo de un golf pequeño, despeinados, sudorosos, sin orden ni acierto. Sólo os conocía a vosotros dos, al resto no, aunque fue todo un descubrimiento, especialmente Eduardo.
Aparcamos y ni subisteis a casa, directamente a disfrutar de la noche lisboeta. Ese fue el principio del fin. Tontería tras tontería, estupidez tras estupidez, cerveza tras cerveza, intercaladas con alguna que otra caipiriña y más de un Ginginha, al final, dolor de estómago y por primera vez, en tiempos, despertarse a carcajadas y seguir así durante todo el día, y la noche... viviendo situaciones realmente surrealistas y variopintas con gente entrañable, graciosa, sencilla y sobre todo, con mucha retranca, pero mucha...
Realmente ese fue el punto de inflexión, necesitaba recordar lo sano e importante que era reír a carcajadas, aunque claro, con Eduardo cerca o te ríes o lo matas, y la cárcel, como que va a ser que no. Tres días después de su llegada, tres horas para encontrarnos en una recta, una carrera de 500cc brutal, y vuala!!! la vida se ve de otro color.

1 Comments:
No de otro color... de todos los colores que hay en el arcoiris. Me alegro de que te hayas reido tanto. No dejes de hacerlo que estás más guapa.
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